lunes, 11 de marzo de 2013

ELENA PONIATOWSKA ENTREVISTA POR: JUAN CERVERA SANCHIS.


ILUSTRACION POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
ELENA PONIATOWSKA
ENTREVISTA POR: JUAN CERVERA SANCHIS.
  
La entrevistadora entrevistada
         La cerrada del Pedregal está solitaria. Son las cinco de la tarde. Unos gorriones picotean el corazón mordido de una manzana que un niño arrojó al arroyo. Al vernos llegar, huyen y se esconden en las espesas ramas de un tilo. Aquí, en esta calle sin salida, vive la escritora Elena Poniatowska. Ella que, siempre, tiene una feliz salida para todo. Tocamos el timbre de su casa. Una cabeza de mujer se asoma por el balcón. Es Cata, que sin embargo, dice llamarse Laura Rosa. Nos anunciamos. Un minuto después, las puertas se nos han abierto y Cata o Laura Rosa, la “gatita”, o mejor, la Jesusa tapatía, aparece ante nosotros con un niño de no más de un año, como una espiga madura, entre sus brazos morenos. Es nada más y nada menos que el gran Felipe, el benjamín por ahora, de Elena y de Guillermo Haro. Felipe tiene mal genio y lloriquea. Yo, que soy tío de siete diablos por el estilo, entro en plática o, más bien, en juego de señales con Felipe, auxiliado por Cata. Y dos minutos después, el gran Felipe ríe en nuestros brazos, mientras que ambos coqueteamos con Cata. Así esperamos que se haga presente Elena Poniatowska, que por cierto no se hace esperar y baja la escalera orondamente, anunciándonos que muy pronto Felipe dejará de ser el benjamín de la casa. Con esa sonrisa suya, de niña entre pícara e ingenua, Elena nos alarga su mano. Aquí desaparecen de nuestra historia por unas horas Cata y Felipe. Elena nos conduce a un estudio con sillones rojos y anchas cristaleras, con vistas a un gramado no balompédico. Nos sentamos el uno frente al otro.
         –Ahora nos traerán café –nos dice Elena-. Y casi a renglón seguido nos traen unas cafeteras  y unas tazas blancas. Y entre el humo del café damos comienzo a nuestra plática. Cosa rara: el entrevistador es quien hace uso de la palabra y la entrevistada escucha en silencio. Hablamos de España y de Andalucía. Elena nos dice que una vez estuvo en Bilbao y que su padre luchó en la guerra civil. Y al fin hablamos de Jesusa, el personaje de su último libro: Hasta no verte Jesús mío.
         –¿Y qué tiene que ver Jesusa Palancares con Elena Poniatowska? –le preguntamos.
         –Mucho, muchísimo. En primer lugar –nos dice-, que yo la quiero a ella enormemente, como persona que es y vive, y, en segundo lugar, que ella me ha dado una gran parte de su vida al revelármela. Claro que si ella leyera mi libro, del cual, dicho sea de paso, no quiere saber nada porque asegura que es una “chin…”, diría que nada de lo que ahí se lee es cierto y que nada tiene que ver con ella. Yo pienso que todos tenemos muchas vidas y si nos pidieran que relatáramos un mismo episodio dos veces, no lo podríamos contar igual. Esto depende de nuestro humor, de la persona a quien se lo platicamos y de muchas cosas más. Por eso creo que Jesusa, en caso de ponerse a leer mi libro, negaría su autenticidad.
         –Entonces, Jesusa Palancares existe realmente. ¿Es cierto?
         –Sí, hombre, existe. Y ahora tiene alrededor de setenta años.
         –Dígame cómo la conoció.
         –La conocí hace tiempo, siendo ella lavandera en un edificio que yo frecuentaba. Pero empecemos por el principio. Yo fui mucho a Lecumberri durante el período de López Mateos y me quedaba allí horas enteras platicando con Demetrio Vallejo, David Alfaro Siqueiros, Filomeno Mata…Ellos me contaban sus vidas. Me gustaba mucho ir a la cárcel, porque los presos siempre están allí y además dispuestos a hablar, pues como están muy heridos tienen su sensibilidad a flor de piel. Una vez yo oí que esta lavandera había estado en la cárcel y decidí buscarla para que me contara su vida. La primera vez que la vi, no aceptó, pero poco a poco nos hicimos amigas y nació el libro. Tenía yo entonces una grabadora prestada, que era mastodóntica. Tan grande era que hasta los policías se apiadaban de mí y me ayudaban a llevarla hasta las celdas de los presos cuando visitaba la cárcel. A Jesusa no le gustaba nada esta grabadora, pues decía que le robaba la luz; tampoco le gustaba que yo tomara notas, pues lo hacía muy despacio, como lo está haciendo usted, y me decía que si yo no sabía escribir, para qué había ido entonces a la escuela… Bueno, se reía de mí y pensaba que yo era una inepta para lo que trataba de hacer. Finalmente, opté por hablar con ella de miércoles a miércoles, sin llevar grabadora ni pluma ni papel, y luego reconstruía en mi casa lo que habíamos hablado. Por eso, mi libro es una transcripción de lo que ella me contaba, y no pretende ser un documento antropológico. Allí se hacía lo que a ella se le pegaba en gana: ponía la radio para oír comedias y, mientras duraban éstas, apenas si hablábamos unas cuantas palabras de comercial a comercial.
         –Yo había pensado…
         –¿Qué había pensado usted?
         –Si no fue alguna vez “gatita”
         –No, pero siempre me he sentido muy cercana a ellas. Sobre todo, cuando era niña. Ahora, lo que es ahora, me siento menos, pues tengo una casa y me veo obligada a mandarlas a planchar o a que hagan esto, aquello o lo demás allá, por lo que me he vuelto más dura.
         –Cambiando de tema. Usted tiene fama como entrevistadora. ¿Podría decirnos cuál ha sido el personaje más estúpido que ha entrevistado?
         Elena Poniatowska se echa a reír y, seguidamente, se toma un sorbo de café. Luego parece pensar.
         –Eso es muy difícil de poderlo decir ahorita. Tendría que acordarme de todas las personas que he entrevistado, y creo que usted sabrá que son muchas. Pero le diré que, para mí, siempre el más estúpido es el más vanidoso: el que habla y habla de sí mismo hasta por los codos.
         –Bueno, díganos entonces ¿cuál ha sido el más inteligente?
         –Guillermo Haro –responde sin titubear-. Pero me trató muy mal. Era muy displicente y lanzaba unas miradas de gran desprecio. No quería ser entrevistado, y recuerdo que me dijo: “Señorita, le voy a dar una conferencia que tengo por ahí, y usted saca de ella las respuestas”. Me pareció muy inteligente, pero también chocante y medio. Otro de los personajes que he entrevistado y que me pareció muy inteligente es Luis Buñuel; éste me pareció encantador; pero, al igual que Guillermo, es un enemigo acérrimo de las entrevistas. Y otro caso es Juan Rulfo, a quien no le saca uno nada, ni con tirabuzón. Sin embargo, siento por él una gran simpatía también.
         –¿Qué es para usted una buena entrevista?
         –A mí me parece que una buena entrevista es un relato en el que se combinan tres cosas.
         –¿Qué cosas son esas?
         –Primero, un buen retrato del entrevistado; segundo, una noticia en la que él diga algo importante, y tercero, que sea atractiva para el lector en su totalidad. En suma, que no sea un ladrillo.
         –Y como si estuvieran de acuerdo madre e hijo, vemos pasar a Felipe tras los cristales del ventanal con un trozo de ladrillo en la mano. Cata lo toma en brazos y Felipe pone una cara de la “chin…” Elena sonríe conmigo, contemplando la secuencia.
         –Es un diablillo delicioso.
          –Lo es. No hay más que verlo. Y además es muy simpático.
         Pero tenemos que ir a lo nuestro. Yo enciendo un cigarro y Elena pierde sus ojos maternales por el techo. Felipe y Cata desaparecen de nuevo.
         –Y bien, ¿qué me aconsejaría usted para ser un buen entrevistador?
         –Yo nunca he sentido que pueda dar consejos a nadie. Pero, en todo caso, le diría que siga su instinto.
         –¿Qué opina usted sobre la llamada “mafia”, a la que dicen que pertenece?
         –Bueno, lo que yo puedo decirle con respecto a esta pregunta es que la propia “mafia” nunca me ha dicho que yo pertenezco a ella. Yo pertenezco a mi familia. A mí no me gustan las fiestas y casi nunca voy a reuniones, sean o no de mafiosos. Más bien creo que la periodista que pertenece a la “mafia” es la “China” Mendoza, y no yo. Además, ella es mucho más representativa; yo la quiero y admiro y es mi gran amiga.
         –Bien, bien –Elena se ha quedado muda de pronto-. Siga hablándonos de la “mafia” o de la “aifam”, o lo que sea eso.
         –Vale. Yo creo que la “mafia” está compuesta por Carlos Monsiváis, José Luis Cuevas, Luis Guillermo Piazza; este último creo que ya no pertenece. Pero Carlos Fuentes, no, aunque se haya dicho que sí, ya que cuando empezó la tal “mafia” a funcionar él se encontraba en Europa.
         Elena Poniatowska, como amenazada por “la mano negra”, renuncia a seguir hablando del tema. Un moscardón ha entrado en la pieza. Es verde como la cáscara de una sandia. Elena lo mira absorta. Yo la saco de sus abstracciones.
         –¿Se siente usted más periodista que escritora o más escritora que periodista?
         –¿Eh?
         –¿Qué si se siente usted…?
–Ah, sí. Miraba a ese insecto y se me estaba ocurriendo un cuento. Bueno, yo quisiera ser escritora, pero… Siento un gran respeto por los buenos periodistas y también me gusta ser una buena periodista.
         –¿A quiénes considera los grandes periodistas del México actual?
         –A Francisco Martínez de la Vega, a José Alvarado, a Abel Quezada, en primerísimo lugar; a Eduardo del Río “Rius” el caricaturista, a Fernando Benítez, que es un caso aparte de escritor y periodista; a Guillermo Ochoa, cuyas últimos reportajes sobre la gira de Luis Echeverría, Presidente Constitucional de la República Mexicana, me parecen formidables; a Enrique Ramírez y Ramírez, que es un gran director de periódicos que sabe su oficio; a Luis Suárez, a Alberto Domingo y muchos más.
         Durante unos minutos hablamos informalmente mientras nos serviámos una nueva taza de café.
         –¿Qué opina sobre Hasta no verte Jesús mío?
         –No esperaba a estas alturas su pregunta. Pero le voy a dar la opinión de mi marido, porque la comparto. A él le gusta el libro, pero dice que si sale una segunda edición deberán cortarle alrededor de cincuenta páginas. Sobre todo, lo que se refiere a la obra espiritual. A él la obra espiritual que a mí sí me gusta, le parece una mariguanada. Aunque debemos tener en cuenta que este Guillermo Haro es un crítico terrible. ¡Ah!, León Felipe le dedicó una vez un poema. Mire, de noche, suelo darle un libro y a los dos capítulos, en el caso de gustarle, lo tira con todas sus fuerzas contra el techo.
         –¿Qué libros de escritores mexicanos ha visto usted tirar contra el techo a su marido?
         –Algunos.
         –¿Cuáles?  
–Bueno, dejemos esto, ¿no?
Y aquí entre Elena Poniatowska y Juan Cervera Sanchís se establece un pacto de silencio. El moscardón verde se ha ido. Ah, sí nos percatamos de ello. El sol amarillea las tapias tras los cristales. Elena se va un momento a las estrellas, creemos que con su esposo, pues es astrónomo… Y de las estrellas la arrancamos preguntándole:
         –¿Qué escritores mexicanos le interesan?
         –Carlos Fuentes. Creo que es el maestro de una generación. Luego, José Agustín, Gustavo Sáinz. Y hay una mujer Carmen Rozensweig, que es muy hermética y escribió un libro muy hermoso sobre la muerte de su padre: México 1956. Ah, y también Juan Manuel Torres.
         –¿Qué escritores la hacen reír?
         –José Agustín en Amor del bueno; María Lombardo de Caso, autora de Una luz en la otra orilla, novela ésta muy poco conocida, y María Luisa Mendoza, “La China” Mendoza.
         –¿A qué escritor mexicano concedería el Premio Nobel?
         –A Octavio Paz, a Carlos Fuentes y a Julio Torri, que es un viejito maravilloso.
         –¿Qué es para usted el amor?
         –Ujule. El amor… Bueno, ahorita el amor, para mí, es mi vida con Guillermo. Guillermo cree, como Antonio Machado, que todo lo inventamos, que el amor también lo inventamos. Hay una frase de Esquilo, que dice: “Dios liberó a los hombres del temor a la muerte, dándoles quiméricas esperanzas…” Pero yo estoy un poco en desacuerdo con él, porque creo que no se puede inventar a un ser humano… Yo no puedo inventar a Guillermo. Lo que importa de a de veras es lo que el amor le aporta a uno o lo que uno hace con el amor. Yo he escrito muchos cuentos de amor y, recuerdo uno en que digo que el amor es “un grito que lo hace pedazos todo, incluso, incluso esto, esto que creemos nuestro amor, nuestro pobre amor de a tres centavos que zarandeamos por aquí y por allá; que traemos de la mano sacudiéndolo alegres y que, un día, llevaremos a cuestas como una carga insostenible y que quizás compartiremos, ya no más, por no dejar, por no decir: Cárgalo tú nomás”.
         –¿Y se ha enamorado muchas veces?
         –Qué más da. Me he enamorado miles, ¿pero qué significa? Lo que importa, ya se lo he dicho, es lo que el amor le aporta a uno, lo que uno hace con el amor… ¿No cree?
–Creo en el amor sobre todas las cosas. Pero salgamos de este atajo. ¿Qué piensa usted del llamado “machismo” mexicano?
         –Que existe, pero opino que la culpa de que exista es más de las mujeres que de los hombres, porque como dice la Jesusa: “la mujer es una dejada, se deja, y hace lo que quiera el hombre”.
         –¿Usted, en lo particular, es o no una dejada?
–En mi caso particular, manda Guillermo también, y además casi siempre tiene razón, porque él dice que en él, cada seis meses, hace crisis la inteligencia, y que en mí, cada seis meses hace crisis la imbecilidad, y entre ambas crisis es preferible la intelectual. Naturalmente, con este argumento, él gana.
–¿Qué proyectos literarios y humanos tiene en estos momentos?
–Humanos, ya se nota: voy a tener otro hijo, dentro de dos meses. Literarios, trabajo en otra novela alrededor del tema de los herederos.
–Hablando de ese nuevo hijo, ¿prefiere niña o niño?
–Yo, lo que sea, pero Guillermo quiere un hombre.
–¿El machismo?
–Puede ser. Y Elena Poniatowska se ríe. Yo me pregunto: ¿qué sentirán los niños por nacer cuando las madres ríen? Y formula otra pregunta.
         –¿A quién le gustaría entrevistar?
         –A Bertrand Russell, y me hubiera gustado mucho haber entrevistado a Ho-Chi-Minh, por quien sentía y siento una profunda admiración y un enorme respeto.
         Y aquí entran otra vez en escena el gran Felipe y Cata. Yo solicito unas fotografías a Elena. Ella busca y busca. Murmura: “No tengo ni una buena. Todas están mal. Mire ésta, no está mal, pero se ve muy oscura”. Felipe y Cata nos observan a través de los cristales. Yo saludo a Felipe, y éste ríe con su boquita sin dientes. De repente, Elena me dice. “Falta algo. Me gustaría hacerle a usted una minientrevista”. “Como usted desee”. Y me dice:
–Usted me puso en un aprieto cuando me preguntó sobre el amor. Dígame, ¿cuál es su opinión sobre el amor?
         –Es algo que digo en una copla. Dice así: “Trabajo de enamorado: /darse por entero, darse / sin esperar nada a cambio.
         Elena Poniatowska se queda pensando. Al fin dice: “Oiga, ya es tarde y tengo que ir a una junta. Vámonos. Lo llevaré hasta un punto donde pueda irse para su casa”. Ella sube la escalera por la que bajó. Una parvada de gorriones cruza el ya pardo cielo. El gran Felipe y Cata aparecen ahora junto a mí. Abrimos la puerta por donde saldrá el carro. En la casa de enfrente, alguien, con una manguera, lava su auto. Felipe me ha echado sus brazos. Lo tomo en los míos y lo oigo decir: “Agua, agua”. Luego, lo enseño a decir “guapa”, aprovechando la ocasión para de forma indirecta piropear a Cata, Jesusa joven, que, coqueta, me mira con sus ojos negros felices. Aparece Elena y me dice, ya en el coche: “Cata se vuelve loca nada más de ver un hilo de pantalón”. Y poco después dejamos la cerrada del Pedregal, que se aprieta en sombras. Yo pienso: Aquí estará sabroso tener una novia. Elena Poniatowska me habla de las maravillas del gran Felipe…En mi memoria revuelan mis sobrinos, de repente. Luego, nos asaltan los semáforos. Estamos ya en una avenida concurridísima. Y hasta aquí llegamos al sanseacabó con Elena Poniatowska. Un camión lleno de gente hasta los topes, nos espera en la esquina.              

jornada.unam.mx
Elena Poniatowska Amor
 (París, Francia; 19 de mayo de 1932) es una escritora, activista y periodista mexicana cuya obra literaria ha sido distinguida con numerosos premios.

sábado, 26 de enero de 2013

UNA RAYA Por: Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda.


ILUSTRACIÓN ELABORADA POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
UNA RAYA
Por: Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda.
 
UNA  RAYA
 
Hice una raya en mi carne.
Una raya hice en mi alma.
Hice una raya en el aire.
Una raya hice en el agua.
Hice una raya en la arena.
Una  raya hice en la tierra.
Hice una raya en las nubes.
En la luna  hice una raya.
Hice una  raya en el sol.
Una raya hice en mis ojos.
Hice una raya en mi voz.
En mi sangre hice una raya
e  hice en mi  corazón
una raya, una raya,
¡una raya enamorada del amor!
 
 
 

miércoles, 2 de enero de 2013

LA LÁGRIMA Del libro: Las 1001 caras de Jano…De Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda. SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.


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LA LÁGRIMA
Del libro: Las 1001 caras de Jano…
De Juan Cervera Sanchís Jiménez y Rueda.
LIBRO que nos hace PENSAR…
SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
 
 
LA LÁGRIMA
Más allá de su composición química, la verdad de la lágrima es más explicable por la vía de la poética que por la sesuda investigación científica.
Químicamente hablando, la lágrima, nunca sería explicable en su totalidad, y mucho menos podría ser desentrañada por su composición química, ya que la química, por sí misma, no puede despejar, y ni tan siquiera sospechar, la profundidad de la ecuación sentimental, más próxima a la misteriosa raíz de la vida, del dolor y el placer que la hacen posible.
 
Las lágrimas son un líquido producido por el proceso corporal de la lagrimación para limpiar y lubricar el ojo. Intervienen fundamentalmente en la óptica ocular y en el normal funcionamiento del globo ocular y de sus estructuras. Cualquier alteración de la lágrima influye en la agudeza visual.
 
 
 
 

domingo, 30 de diciembre de 2012

LA RUEDA Del libro: Las 1001 caras de Jano…De Juan Cervera Sanchís Jimenez y Rueda. SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.


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LA RUEDA
Del libro: Las 1001 caras de Jano…
De Juan Cervera Sanchís Jimenez y Rueda.
LIBRO que nos hace PENSAR…
SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
 
LA RUEDA
Estamos ciegos. En esta ciudad estamos ciegos. Rendimos culto a toda clase de falsas deidades y, todavía, a nadie se le ha ocurrido levantarle un monumento a la rueda, quien humildemente y sin jactancia es la que reina en nuestras calles y, nos trae y nos lleva, del alba al ocaso, a nuestros respectivos destinos.
 
La rueda
es una pieza mecánica circular que gira alrededor de un eje. Puede ser considerada una máquina simple, y forma parte del conjunto denominado elementos de máquinas.
Es uno de los inventos fundamentales en la Historia de la humanidad, por su gran utilidad en la elaboración de alfarería, en el transporte terrestre, y como componente fundamental de diversas máquinas. El conocimiento de su origen se pierde en el tiempo, y sus múltiples usos han sido esenciales en el desarrollo del progreso humano.
 

miércoles, 26 de diciembre de 2012

EL CELULAR Del libro: Las 1001 caras de Jano…De Juan Cervera Sanchís Jimenez y Rueda. SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.


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EL CELULAR
Del libro: Las 1001 caras de Jano…
De Juan Cervera Sanchís Jimenez y Rueda.
LIBRO que nos hace PENSAR…
SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
 
EL CELULAR
¡Ah si mi abuelo Manuel levantara la cabeza y pudiera ver a su bisnieta Coral pegada, a lo que para él sería una especie de cuña metálica, hablando a solas como loca! ¡Ah! ¿qué pensaría?
Sí, porque él todavía era de aquellos que pensaban por sí mismos y hoy ya nadie, al menos en la familia, siquiera piensa, pues eso de pensar va siendo cosa del pasado.
Hoy, la gente, habla y habla, como la bisnieta Coral, más de la cuenta, pero lo que se dice pensar… es otra música.
 
La telefonía móvil, también llamada telefonía celular, básicamente está formada por dos grandes partes: una red de comunicaciones (o red de telefonía móvil) y los terminales (o teléfonos móviles) que permiten el acceso a dicha red.
 

domingo, 23 de diciembre de 2012

EL TORO Del libro: Las 1001 caras de Jano…de Juan Cervera Sanchís Jimenez y Rueda. SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.


ILUSTRACION ELABORADA POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
EL TORO
Del libro: Las 1001 caras de Jano…
LIBRO que nos hace PENSAR…
SELECCIÓN POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
 
EL TORO
-¿Qué hago yo aquí? ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué hago yo aquí?, se preguntaba a sí mismo; le preguntaba al sol, al polvo, al aire, al agua y a todo cuanto lo rodeaba, sin recibir respuesta y angustiado hasta los cuernos y con los testículos arrugados de pavor.
Corrió y corrió, con ojos desorbitados, y le dio dos vueltas al ruedo en la plaza más grandiosa e importante de aquel mitológico país.
Su corazón, acelerado, era un tambor de enloquecidas resonancias, a punto de estallar y detenerse para siempre.
-¿Qué hago aquí? ¿Qué hago aquí? ¿Qué hago yo aquí?, se preguntaba sin entender nada.
Su miedo iba en aumento. Todo él era un bulto sombrío de nervios, de carne, de sangre y huesos espavoridos.
El toro, ante aquella, para él, inexplicable y terrorífica realidad, tan irreal, sentía que se estaba volviendo loco.
Sí, ¿qué hacía él allí ante aquella multitud de sanguinarios terroristas, que gritaban en los tendidos? Hombres y mujeres de almas bárbaras y carentes de compasión.
¿Qué hacía él allí, lejos de los frescos e idílicos campos donde había transcurrido, hasta entonces, su feliz vida?
Una especie de figurín vertical, y vestido de colores, el Torero, algo en sí para lo que el Toro no tenía ninguna explicación, apareció con un trapo escarlata en la mano y comenzó a burlarse de él. Lo llevó con engaños hasta donde había un caballo, montado por un gordo y maloliente figurín, con un raro y largo garrote en la mano. Sin pensarlo e impulsado por su bravura arremetió contra el caballo con intención de derribarlo. Ni su fuerza ni sus cuernos le sirvieron de nada. Retrocedió chorreando sangre por su lomo dolorido.
A continuación, unos figurines, muy bailarines, con unos garapullos en la mano, le produjeron más dolor y más sangre clavándoselos en su lomo. Furioso, dejó de tener miedo y arremetió contra los que lo instigaban, sin éxito. Por más que lo intentó no pudo clavarle sus cuernos al figurín vertical, que lo engañó una vez y otra vez, con su trapo escarlata y, luego, con saña, lo atravesó, aunque sin poder darle muerte, en dos ocasiones, con una afilada y larga espada.
El coraje y el odio hacia aquel figurín vertical y perverso lo mantenían firme sobre sus cuatro patas, por lo que el figurín, sin ningún valor reconocible y sí con toda clase de ventajas a su favor, lo apuntilló en la nuca y, al fin, murió, sin saber por qué y para qué moría, como mueren los llamados toros de lidia en manos de figurines, que se dicen artistas, como los verdugos de la Edad Media, cuando se deleitaban ejecutando a los indefensos e inocentes herejes.
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eltoroflamenco.webnode.es
La vaca, en el caso de la hembra, o toro en el caso del macho (Bos primigenius taurus o Bos taurus), es un mamífero artiodáctilo de la familia de los bóvidos. Bos primigenius taurus es el nombre científico que se le asignó a la vaca o toro doméstico europeo (y norasiático), un conjunto de bóvidos domésticos descendientes de la subespecie de uro salvaje euroasiático (Bos primigenius primigenius); mientras que se denomina Bos primigenius indicus a los cebúes y otras razas bovinas domésticas provenientes del mismo tronco, y descendientes de la subespecie de uro salvaje del sudeste asiático (Bos primigenius namadicus). Se trata de un mamífero rumiante grande y de cuerpo robusto, con unos 120-150 cm de altura y 600-800 kg de peso medio.
Domesticado desde hace unos 10 000 años en el Oriente Medio, posteriormente su ganadería se desarrolló progresivamente a lo largo y ancho de todo el planeta. Sus primeras funciones fueron para el trabajo y la producción de carne y de leche, además de aprovecharse los cuernos, el cuero o los excrementos (como fertilizante o combustible); también se siguen empleando en algunos países en los espectáculos taurinos. La cría y utilización de estos animales por parte del hombre se conoce como ganadería bovina. En 2011, la cabaña mundial de ganado bovino superaba los 1300 millones de cabezas. Además de las propias razas o variedades, se emplean diferentes formas de clasificación individual, como pueden ser la disposición y forma de la cornamenta, la capa (color del pelaje) o sus capacidades productivas.
Estos bóvidos siempre han apasionado al ser humano, para quien el toro es un símbolo de fuerza y de fertilidad, por lo que estos animales están presentes en numerosas creencias y religiones. Son parte integrante de la cultura occidental, y se les puede encontrar como tema de inspiración de pintores y escultores, o como personajes de historietas, de películas o de anuncios publicitarios.