jueves, 9 de agosto de 2012

LAS ALGAS Del Poemario “Sonetos Vegetales”. Autor: Juan Cervera Sanchís.


ILUSTRACIÓN ELABORADA POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
LAS ALGAS
Del Poemario “Sonetos Vegetales”.
Autor: Juan Cervera Sanchís.

En las algas está presente el mar,
la mar quiero decir, ancha y salada,
y los mares de voz apasionada;
que las algas son luz de agua solar.


Agua y sol son las algas sin dudar,
que las algas son luz transubstanciada,
que son las algas luz enamorada,
que están hechas las algas para amar.


Que son las algas yodo iluminado,
que son fuentes las algas de salud
y vivos oleajes de belleza



Las algas, donde el mar ha concentrado
la gracia de su eterna juventud
y el verdor esencial de su riqueza.

ILUSTRACIÓN ELABORADA POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
LAS ALGAS

SONETO DEL POEMARIO “SONETOS VEGETALES”

FOTOGRAFÍA TOMADA DEL BUSCADOR DE Google.
guacuario.webcindario.com
Se llama algas a diversos organismos autótrofos de organización sencilla que hacen la fotosíntesis productora de oxígeno (oxigénica) y que viven en el agua o en ambientes muy húmedos. Pertenecen al reino Protista.


Inicialmente, las algas fueron consideradas por los biólogos "plantas inferiores". Sin embargo, en la actualidad se las incluye dentro del reino Protista, ya que sus complejos pluricelulares no forman tejidos diferenciados, pese a poder llegar a medir decenas de metros. Pueden ser unicelulares o pluricelulares. Si bien los protozoos -también protistas- son básicamente heterótrofos, las algas, en cambio, son autótrofas y capaces de realizar la fotosíntesis. Pero ambos están constituidos por células eucariotas. Existen más de 30.000 especies de algas, desde las microscópicas hasta las gigantes, que pueden llegar a alcanzar los cien metros.
Las algas se clasificaban dentro del reino vegetal, pero no son plantas. Los caracteres esenciales que distinguen a éstas del resto de los vegetales fotosintéticos son: la falta de un verdadero embrión (no son por tanto embriofítas) y la falta de una envuelta multicelular alrededor de los gametangios y esporangios (a excepción de las caráceas). Se distinguen de los hongos por carecer estos de capacidad fotosintética. Se trata de un grupo polifilético o artificial (no es un grupo de parentesco), y no tiene por lo tanto ya uso en la clasificación científica moderna, aunque sigue teniendo utilidad en la descripción de los ecosistemas acuáticos.
El estudio científico de las algas se llama Ficología. Se usa también pero menos Algología, un término ilegítimamente construido con una raíz latina (alga) y otra griega (logos); se presta además a confusión con la ciencia homónima del dolor, que es una especialidad médica.
Se han descrito algo más de 45.000 especies, si bien algunos grupos están pendientes de una revisión exhaustiva. Son ubicuistas y viven prácticamente en todos los medios, aunque están relacionadas fundamentalmente con el medio acuático se desarrollan también en ambientes tan variados y extremos (de hecho son los seres vivos que soportan las temperaturas más extremas) como el suelo, la nieve o el hielo, sobre otros vegetales, etc. Generalizando se puede afirmar que en los ecosistemas acuáticos las algas son los principales productores primarios y la base de la cadena trófica.
Muchas algas son unicelulares microscópicas, otras son coloniales y algunas han desarrollado anatomías complejas, incluso con tejidos diferenciados, como ocurre en las algas pardas. Las más grandes, miembros del grupo anterior, forman cuerpos laminares de decenas de metros de longitud.

sábado, 4 de agosto de 2012

EL RÁBANO Del Poemario “Sonetos Vegetales”.Autor: Juan Cervera Sanchís.



ILUSTRACIÓN ELABORADA POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
EL RÁBANO
Del Poemario “Sonetos Vegetales”.
Autor: Juan Cervera Sanchís.

Cuando le hinco el diente y su frescura
acaricia mi lengua y mi garganta,
el rábano me inspira y me levanta
hacia el calcio y el cloro de su altura.


Que el rábano en sí tiene, a más de albura,
una rojez vital que nos encanta
y un poder de sanar que nos imanta
por vegetal y amable añadidura.

Desde su origen chino me seduce
su hoja de verde intenso y sus enzimas,
así como su fósforo sapiente.

Que el rábano al morderlo me produce
emociones que tú no te imaginas
pues ilumina el rábano mi mente.
ILUSTRACIÓN ELABORADA POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
RÁBANOS
SONETO DEL POEMARIO “SONETOS VEGETALES”




FOTOGRAFÍA TOMADA DEL BUSCADOR DE Google.
elbatiblog.com
El daikon (大根, daikon? literalmente "gran raíz"), rábano daikon, rábano chino (Chino: 萝卜; pinyin: báilóbo; literalmente "rábano blanco"), o mooli es un rábano blanco gigante del Oriente de Asia, de sabor ligero. Existen muchas variedades de daikon, pero el más común tiene forma de zanahoria gigante, aproximadamente de 20 a 35 cm de largo y de 5 a 10 cm de diámetro.

 Usos

El daikon es parte esencial de la comida japonesa siendo usado como aderezo para muchos platos como sushi o como vegetal cocido a fuego lento. También es usado como aderezo para acentuar el sabor en las sopas como la sopa de miso. Es acompañado con el tempura, para mezclarse con la salsa; con salsa de soja, es servido con las hamburguesas de estilo japonés. El daikon picado y seco es llamado kiriboshi daikon (切干大根, 'kiriboshi daikon ?), literalmente daikon cortado y secado. Takuan es un producto popular de daikon adobado en sal y salvado de arroz.
Las hojas frescas de daikon se toman como vegetales, pero algunas se retiran debido a que por su tamaño no caben en el refrigerador.

martes, 31 de julio de 2012

IGNACIO LÓPEZ TARSO Entrevista por: Juan Cervera Sanchís.


ILUSTRACIÓN ELABORADA POR: Fernando Emilio Saavedra Palma.
IGNACIO LÓPEZ TARSO
Entrevista por: Juan Cervera Sanchís.

El actor

            No hay cosa más difícil que conversar con un actor en su camerino. Y nosotros, para nuestra desgracia, nos vimos obligados a platicar con Ignacio López López, mientras se disfrazaba de López Tarso, en uno de los camerinos del teatro Hidalgo.

            López López es un hombre muy amable y accesible. Tiene la palabra fácil y el don de atender tres o cuatro conversaciones a un tiempo, al tiempo que se maquilla. Andaba en eso del maquillaje, es decir, con lápices y lápices frente al espejo. Como pudimos, entramos en conversación.

            –Y bien, creo que me toca a mí hablar.

            – ¿Cómo? –interrogó alguien.

            –Eso, y mirando a López Tarso le preguntamos: – ¿Desde cuándo se dedica usted a la actuación? 

            –Yo descubrí mi vocación ya tarde.

            Alguien aquí nos interrumpe y le pregunta al actor por unas piernas negras.

            –Unas piernas negras, unas piernas negras –tartamudea López Tarso.

            –Sí, es que vamos a poner una obra para niños y…

            En fin, lo de las piernas negras parece que se ha arreglado. Un joven de aspecto nervioso se va. El camerino está lleno de gente. Dos muchachas extranjeras, un individuo corpulento y barbudo, una señora mexicana y los que entran, salen, se quedan y dejan el qué sé yo y el no se qué. Para colmo mi pluma no tiene tinta.

            –Vaya –nos dice López Tarso y nos ofrece unos cuarenta bolígrafos de a dos pesos. Tomamos uno y empezamos a escribir.

            –Usted nos decía que descubrió su vocación algo tarde.

            –Sí, sí, –nos responde el actor mientras se marca las líneas de la frente –. Empecé el año de 1950 en la Academia de Arte Dramático.

            –Y antes, ¿qué hizo usted?

            –Vagar y vagar. Vine, fui y no estuve, estando, en no sé cuántas partes.

            –¿Como cuáles?

            –Hombre, en muchas. Durante un par de años fui bracero en los Estados Unidos y luego estuve en el ejército. Bueno, ya no me acuerdo de las cosas que no hice ni de las que hice. Pero hice y deshice mil y una cosas, buscándome a mí mismo, pues ahora sé que ese era el objetivo de todo aquel desorientado destrajinar.

       Alguien llega con unos recibos. Suponemos que no son de la luz ni del teléfono. López Tarso los revisa y da soluciones. Las muchachas extranjeras están muy serias, tal como si estuviéramos en un velorio de una funeraria de quinta categoría.

            Para romper la solemnidad le pregunto a López Tarso:

            – ¿Cuánto cobró usted por su primera película?

            –Veinte mil pesillos.

            –Para ser la primera, no estuvo mal.

            López Tarso sonríe y sigue sonriendo astutamente cuando le volvemos a preguntar:

            – ¿Y cuánto ha cobrado por la última?

            –Por la última, por la última –finge tener mala memoria –. A ver, a ver –hace la cuenta de la vieja moviendo sus dedos –. Bueno, mi última película ha dado en tres semanas cuatro millones, y yo sólo cobré unos modestos miles de pesos.

            –Ozú, mi madre –exclamamos.

            – ¿Qué dice usted? –nos pregunta López López con cara de López Tarso diciendo un corrido.

            –Eso, que vaya tela, ¿eh?   

            Y López Tarso se ríe y nos pregunta de dónde somos. Cuando lo sabe dice:

–Ya, ya.

            –Bien, dejemos ahí el carro y vamos al trigal, es decir, al asunto que nos ha traído. ¿Cuáles son los problemas más serios que ha encontrado usted en su carrera artística?

            –Hasta este momento, en lo que respecta al teatro, los problemas más serios con los que me he encontrado han sido la falta de apoyo oficial y, en el cine, la falta de calidad. Si yo fuera un comediante de tantos no tendría esos problemas, pero aunque sea falta de modestia por mi parte, he de decir que no soy uno de esos, de ahí…

            –Entendido. Y ¿cómo ve usted el cine mexicano?

–Desgraciadamente cada vez más malo, pues cada día que pasa se hacen menos películas y de menos calidad. Pero es un problema        que espero se solucione pronto, ya que desde el licenciado Emilio Rabasa para acá ha mejorado algo. No quiero decir que todo el cine mexicano sea malo, pero… Bueno se ha hecho una buena película, creo yo, cada dos años. Digo buena, aunque mejor sería decir digna de verse. Ahora espero, tengo mucha fe en que todo siga mejorando en bien del cine mexicano, pues Rodolfo Echeverría es un hombre que conoce a fondo los problemas de nuestro cine y sé que quiere hacer algo positivo.

– ¿Cuál cree usted que ha sido, hasta ahora, la mejor época del cine mexicano?

–La mejor fue aquella en que descollaron Emilio Fernández, Gabriel Figueroa, Pedro Armendáriz, María Félix, Dolores del Río… Entonces fue cuando tuvo proyección internacional, pero hoy… Bueno, ahí está lo que es y a la vista de todos.

– ¿Dónde le gusta a usted más actuar, en la escena o ante las cámaras?

–Me gusta actuar en todas partes, pero prefiero el teatro. Yo soy un actor eminentemente teatral, amo el teatro, aunque es un pésimo negocio.

– ¿Qué son para usted los corridos?

–Es una expresión popular por la que yo siento una especial predilección. Yo, antes de ser actor, ya gustaba de decirlos, pues como no sé cantar, al decirlos, era como si cantara las hazañas del pueblo. Me gustan, me gustan mucho.

– ¿Con cuál personaje se identifica usted mejor, con este Adriano V11 en el que se está convirtiendo, o con Pito Pérez?

–Los dos son muy distintos e interesantes. Cada uno tiene su porqué y cada uno, por sí mismo, me gusta, aunque no tengan puntos de contacto. Aunque creo que cada uno de ellos lo mejor que tiene es lo que tiene de mí, lo que yo he puesto en ellos, la vida y la sangre que al representarlos les he dado.

– ¿Qué es para usted el teatro clásico?

–Para mí y para todo el mundo, es lo que es, algo que aún no ha sido superado por los autores modernos, por ninguno de ellos. Sófocles y Esquilo siguen siendo extraordinariamente actuales. Son autores vivos, cuando tantos autores que viven están de antemano muertos. Y como actor le diré que son la mejor escuela para el aprendizaje de la actuación. Sí, claro que sí, hay que tenerlos presente como el agua y el pan de cada día, y deberían ser representados con mucho, con mucho más –enfatiza López Tarso –frecuencia de lo que lo son.

– ¿Quién es López Tarso en la vida real?               

             –López Tarso, en la vida real, no existe, porque López Tarso es solamente en su vida pública, es decir, como actor, pues de otra manera yo no existo. No sé ser sino actor. Así fue cómo Ignacio López López murió un día para que sólo existiera López Tarso, aunque, claro está, también exista por ahí, y él sabe dónde, López López; pero eso, aquí y ahora, no importa, como tampoco quiero yo que le importe a nadie, ¿estamos?

            –Estamos. ¿Qué libro está leyendo López Tarso?

            –Estoy leyendo una estupenda adaptación de “Madre Juana de los Ángeles”*.

            – ¿Quién es el autor de esa obra?  

            –Ujule, eso es muy difícil, tiene un nombre rarísimo y yo soy pésimo para los idiomas; sólo puedo decirle que es polaco.

            –Vaya, se juntó el hambre con las ganas de comer, porque un servidor, cuando dice alguna palabra en lengua foránea, no hay Dios que lo entienda.

            Las señoritas extranjeras que nos escuchan están muy serias. El resto del respetable se echa a reír. Nosotros, como el que oye llover, seguimos la retahíla.

            – ¿Qué odia López Tarso?

            –Odia el desorden, la anarquía.

– ¿Qué ama?

            –Todo lo opuesto al desorden y a la anarquía.

– ¿A qué aspira López Tarso?

            –López Tarso quisiera ser el mejor actor del universo.

– ¿Del universo?

             –Así es, mano.

            – ¿Y quién cree López Tarso que ha sido o es el mejor actor del mundo?

            –Para López Tarso, el mejor actor del mundo ha sido un ruso cuyo nombre  apenas si sabe pronunciar. Fue aquel actor que hizo Iván el terrible y Don Quijote. A ese actor es a quien yo admiro más entre todos los que han sido y son. Era maravilloso, increíble. No, no creo que haya tenido igual.

            – ¿Podría usted hablarnos de los defectos de López Tarso? 

            –Son muchos, demasiados quizá. Pero algunos le han sido muy provechosos, tales, por ejemplo, como la vanidad y el egoísmo.

            –Y las virtudes de López Tarso, si es que las tiene, ¿cuáles son?

            –Bueno, mano, mira, yo no creo conocerme a fondo para hablar de eso y, cuando ignoro algo, cuando se trata de algo que no conozco bien, prefiero cerrar el pico para no meter la pata. Así que dejemos eso ahí, y si tengo virtudes, que las pregonen otros que me conozcan mejor que yo en ese terreno.

            –De acuerdo. Ahí muere. Pero ahorita no se me eche para atrás y dígame sin que le estorbe la salivilla en la punta de la lengua, ¿cree López Tarso que López Tarso es el mejor actor que hay en México?

            –López Tarso está dispuesto a creerlo todo y a no creer nada. Y eso que usted me pregunta, pues, la verdad, no sé si creerlo o no. Pero tengo entendido que algunos lo dicen por ahí y eso no quiere decir que sea yo el que lo diga. Lo dicen los otros, y si lo dicen… ellos sabrán por qué lo dicen, ¿no?

            –Pues sí.

            –Pues eso, son rumores y la verdad sea dicha no me molestan esa clase de rumorcillos en torno y alrededor de López Tarso.

            –Pues que sigan. ¿No?

            –Sí, hombre, claro, que sigan y sigan y a ver a dónde llegan.

            –Eso es.

            –Olé ahí. Pero aclararemos que yo no digo nada y sólo soy un profesional que trata de ser consecuente con su trabajo, haciendo todo lo posible por mejorar cada día y en cada actuación.

            –Cómo debe ser.

–Exacto.

 –¿Es López Tarso supersticioso?

–No.

–Entonces cabe la pregunta.    

– ¿Qué pregunta?

–Esta: ¿Qué piensa López Tarso de la muerte?

–¡Jijo!…

–Alto ahí, manito, y responde a mi pregunta.

–Bueno, la contestaré diciendo que no me gusta pensar en esas cosas.

– ¿Y no que no…?

–Ande, ande y pregunte cualquier otra cosa.

–Bueno, si usted lo manda.

–No es que…   

–Ya entiendo. Bien, ¿qué me dice del amor?

            –Del amor… Bueno, depende de cómo uno entienda el amor. En realidad, lo que puedo decirle es que yo nunca he estado enamorado, a no ser, y eso sí, de mi profesión.

            – ¿Qué ideas políticas tiene López Tarso?

            –Bueno, yo tengo ideas políticas, porque soy hombre, y soy hombre antes que nada. Pero…

            – ¿Qué?

–Que ahí la dejamos. ¿Le parece?

–Hombre… En fin. Bueno. ¿Ideas religiosas?

–Ideas religiosas… Lo que tengo, en realidad, es una vida personal que quiero conservar así. Entiendo que un actor debe tener su vida privada; es un ser humano y hay cosas que uno no debe decir sino entre sus amigos y no en público, a no ser que llegue la ocasión y, como todo el mundo, se vea obligado a sacarlas por fuera a la calle.

–Vale. ¿Dónde nació usted?

–Aquí en el Distrito Federal.     

            ¿Quiénes era sus padres?

–Alfonso López e Ignacia López.

– ¿A qué se dedicaban?

–Mi madre a las labores propias de su casa, y mi padre ocupaba un puesto militar.

– ¿Está usted casado?

–Sí.

– ¿Cuántos hijos tiene?

–Tres, dos niñas, una de dieciocho y otra de doce, y un niño de ocho.

– ¿Descansó?    

– ¿De qué?

–De mi interrogatorio.

– ¿Cómo?

–Pues estas preguntas no eran difíciles.

López Tarso se ríe y mueve la cabeza como diciendo: “Vaya pelmazo que me ha caído”.

–Bueno –no lo quiero dejar que piense –. ¿Qué obras que no haya hecho le gustaría hacer?

Ricardo 111, de Shakespeare, y Prometeo.





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William Shakespeare (Stratford-upon-Avon, Warwickshire, Reino Unido c. 26 de abril de 1564jul.ibídem, 23 de abriljul./ 3 de mayo de 1616greg.)[1] fue un dramaturgo, poeta y actor inglés. Conocido en ocasiones como el Bardo de Avon (o simplemente El Bardo), Shakespeare es considerado el escritor más importante en lengua inglesa y uno de los más célebres de la literatura universal.[2]
La New Encyclopædia Britannica señala que "muchos lo consideran el mayor dramaturgo de todos los tiempos. Sus piezas [...] se representan más veces y en mayor número de naciones que las de cualquier otro escritor".
Las obras de Shakespeare han sido traducidas a las principales lenguas y sus piezas dramáticas continúan representándose por todo el mundo. Además, muchas citas y aforismos de sus obras han pasado a formar parte del uso cotidiano, tanto en el inglés como en otros idiomas. Con el paso del tiempo, se ha especulado mucho sobre su vida, cuestionando su sexualidad, su afiliación religiosa, e incluso, la autoría de sus obras.


–Me ha dicho usted que es muy aficionado a la poesía ¿Qué poetas mexicanos prefiere?
–Prefiero a Octavio Paz y a Carlos Pellicer. Y también a Xavier Villaurrutia. Este último fue mi maestro de teatro y aprendí mucho a su lado.
– ¿Hará próximamente una nueva película?
–Es posible que haga, junto a Dolores del Río, la obra de Sergio MagañaLos motivos del lobo”; aún no hay nada seguro, pero por ahí anda la cosa, pues “arrieros somos y en el camino andamos”.
–Pues a caminar.
–Qué remedio.
Y aquí sonó el timbre, la tercera llamada, y López Tarso se cambia de pantalones a todo correr. Nosotros, disimuladamente, le robamos un par de [bolígrafos, llamados plumas] atómicas sin que se dé cuenta, por si las moscas, pues tenemos todavía qué entrevistar a otro personaje. Y pies para que os quiero.


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Ignacio López Tarso (nacido Ignacio López López el 15 de enero de 1925) es un actor mexicano de teatro, cine y televisión. Se le considera como uno de los más grandes histriones de México [cita requerida].  Nació en la Ciudad de México, en una casa de la calle de Moctezuma, cerca del santuario católico de la Villa de Guadalupe. Sus padres fueron Alfonso López Bermúdez e Ignacia López Herrera. También vivió su infancia en varios lugares de la república mexicana tales como Veracruz, Hermosillo, Navojoa y Guadalajara, todo esto por asuntos de trabajo de su padre quien se desempeñaba en el servicio de correos. Sus hermanos se llaman Alfonso y Marta.
Precisamente en Guadalajara, mientras vivía en el barrio de Analco, Ignacio López tuvo su primer contacto con el mundo artístico, cuando tenía ocho o nueve años. En esa ocasión fue llevado por sus padres a ver una función de teatro de carpa. El niño quedó impactado al ver cómo se apagaba la luz, se abría el telón entre la oscuridad y sólo quedaba iluminado el escenario además de quedar como hinoptizado al observar cómo se desarrollaba la obra. Ese periodo de privación duró hasta que terminó la obra, se volvieran a encender las luces y regresar a la realidad dándose cuenta otra vez que estaba sentado entre sus dos padres. La descripción anterior sobre lo ocurrido en aquel teatro de carpa, el propio Ignacio López la ha hecho repetidas veces a lo largo de su vida, porque quedó muy marcado en su memoria. Esa experiencia infantil de éxtasis vivida en esa función de teatro, sellaría de este modo el destino de Ignacio López.
También vivió en Valle de Bravo, Estado de México donde estudió la secundaria. Los problemas económicos de sus padres impidieron que Ignacio ingresara a una escuela para continuar sus estudios superiores. Debido a lo anterior, un sacerdote le recomendó ingresar al seminario para que así pudiera continuar con su educación.
No habiendo otra opción y sin vocación al sacerdocio pero con el deseo de seguir estudiando, Ignacio López ingresó en el Seminario Menor de Temascalcingo, Estado de México. También estuvo en el Seminario Conciliar de México en Tlalpan, Ciudad de México. Abandonó el seminario debido a la ya mencionada falta de vocación para ser sacerdote.
A los veinte años de edad tuvo que cumplir con el servicio militar y estuvo en cuartel más de un año en Querétaro, aunque también estuvo en los regimientos de Veracruz y Monterrey. Logró obtener el grado de Sargento Primero. Al terminar su servicio militar, un general le dijo que tenía madera para ser militar destacado y le ofreció su apoyo para ingresar al Colegio Militar, pero Ignacio López después de pensarlo descubrió que esto no era su vocación y así terminó su aventura militar.
En la Ciudad de México trabajó como agente de ventas de una empresa fabricante de ropa de mezclilla, pero seguía teniendo problemas económicos, por lo que buscaba otra opción para mejorar su situación. Esa opción lo encontraría en unos amigos quienes lo animaron diciéndole que si se iba con ellos a los Estados Unidos a trabajar como braceros en la cosecha de uva y naranja en California, ganarían mucho dinero. Con esa ilusión, él y sus amigos se inscribieron en el convenio México-Estados Unidos, el cual les auspició el trabajo en California. El sueño de Ignacio López no era radicar en Estados Unidos, sino trabajar una temporada y regresar a México cargado de muchos dólares. Estando ya trabajando en un naranjal del condado de Merced, California y trepado de un alto naranjo, resbala y cae de espaldas encima de unas cajas, lastimándose seriamente su espina dorsal quedando casi paralizado. Esto provocó su triste regreso a México por tren. En vez de venir cargado de muchos dólares, vino cargado de muchos dolores, con medio cuerpo enyesado y con tan sólo 20 dólares en el bolsillo. En la Ciudad de México tuvo que seguir un tratamiento y guardar reposo para su recuperación, durante un año aproximadamente.
Después de su recuperación, López Tarso ingresó en 1949 a la Academia de Arte Dramático del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), que en aquel tiempo era la única escuela de teatro en el país. Por aquel entonces su padre le dijo –quizá en tono de broma- que los dos más grandes errores que iba a cometer en su vida eran casarse y ser actor. Pero Ignacio además de ser actor, se casó y lo hizo con Clara Aranda y tuvieron tres hijos: Susana, Gabriela y el también actor Juan Ignacio, mejor conocido en el medio artístico como Juan Ignacio Aranda.
López Tarso también ha incursionado en la política y fue diputado federal. También ha ocupado cargos importantes de organizaciones tales como la Asociación Nacional de Actores (ANDA), de la Asociación Nacional de Intérpretes (ANDI) y del Sindicato de Trabajadores de la Producción Cinematográfica (STPC). Es miembro honorario del Seminario de Cultura Mexicana.[1